05 de juny 2010

Adiós al sur este asiático

Entramos a Camboya por el norte, desde Laos, y vamos hasta la capital a sacar el visado para India, el último país que visitaremos.
La capital, Phnom Pehn, no tienen nada de especial pero tampoco es tan horrible como nos habían dicho. Camboya está más occidentalizada que Laos y, a primera vista, parece un poco menos pobre. Los camboyanos son gente de sonrisa fácil. Nos parecen más activos y nerviosos que sus vecinos del Norte pero también bastante más pesados, sobretodo los conductores de tuk-tuk. Parece que se esfuerzan mucho por recuperar el tiempo perdido (los dólares del turismo son más que bienvenidos) y la ilusión después de las todavía recientes atrocidades cometidas.
Para resumir basta un dato, entre 1972 y 1977 durante la dictadura de Pol Pot y los Khmeres Rojos, dos millones de personas fueron asesinadas, aproximadamente un 20% de la población. Un buen documental sobre el tema es S-21 que narra en primera persona las barbaridades cometidas y enfrenta a torturadores y torturados cara a cara.
Después de conocer un poco más de esta tristísima historia reciente del país (los culpables todavía no han sido juzgados), parece increíble que este país y su gente parezcan tan “normales”.
Como el visado indio tardará unos días lo dejamos cocinándose y vamos hacia la costa al sur del país. Ya hace tiempo que no vemos el mar y nos apetece.



La playa de Otres está a unos quilómetros de Shianoukville, el pueblo más turístico de la costa, y es bastante tranquila aunque parece que no por mucho tiempo. Cada vez hay más restaurantes y cabañas en primera línea de mar, muchas de ellas regentadas por extranjeros.
La playa es bastante bonita y las islas que hay cerca parecen todavía más bonitas aunque no las visitamos. Como siempre no tenemos demasiado tiempo y queremos relajarnos un poco antes de llegar al plato fuerte del país.
Después de un día y medio en Otres viajamos en autobús a Kampot. Es una ciudad pequeña con algunos restos de arquitectura colonial francesa frente a un río ancho que fluye mansamente.



La ciudad tampoco es demasiado bonita, así que alquilamos una moto y nos vamos hasta Kep, otro pueblito en la costa.



Kep era un sitio de veraneo de la época de la ocupación Francesa que ha estado abandonado muchos años y ahora empieza a recuperar parte del esplendor de aquellos días. Es un pueblo pequeño y tranquilo frente al mar, en la ladera de un monte que es parque natural.



Las playas no están mal, pero es día de fiesta para los camboyanos, se celebra el aniversario del Rey, así que están llenas de familias y jóvenes. Les dejamos que disfruten de sus playas y nos vamos a dar una vuelta por el parque natural.



Desde la colina se domina toda la costa y las islas cercanas. Los pies de Pau no nos dejan caminar por los senderos del parque así que nos conformamos con dar una vuelta y acercarnos a un templo.



Hay otro parque nacional más apartado en unas montañas cercanas, allí hay tigres, osos y muchos quilómetros de senderos. Pero tampoco podemos disfrutarlos así que nos vamos a visitar unas cuevas cercanas.



En una de ellas hay un pequeño templo del siglo VII que ha quedado medio engullido por las estalactitas y el calcio del agua que se filtra por las rocas.



Volvemos a Kampot y al día siguiente alquilamos otra vez la moto para ir hasta una isla cercana en el delta del río que pasa por la ciudad.



El ritmo aquí es más que tranquilo. Visitamos un templo al lado del río.



Continuamos pasando por algunos pequeños pueblos rodeados de un montón de salinas.




Nos perdemos por las rectas de tierra interminables que bordean las salinas y llegamos a unas montañas que debieron ser islas antes de que los sedimentos del río las alcanzaran.



Volvemos a Kampot y damos una vuelta por las afueras del pueblo siguiendo el río.



A la mañana siguiente salimos para la capital. Allí recogemos los visados y vamos hacia el norte, a los templos de Angkor.
Si Pol Pot es lo más oscuro del pasado del país los templos de Angkor están sin duda en el otro extremo.
El imperio Khmer se extendía por gran parte del sur este asiático y tuvo su época de esplendor entre los siglos IX i XIII d.c. Es en esta época cuando se levantaron la mayoría de los templos de esta parte del país donde estuvo la capital del imperio.
Compramos una entrada de tres días y empezamos a visitar los templos más cercanos en Bicicleta.



Angkor son más de cien templos, muchos engullidos por la selva y el olvido y otros restaurados que parecen enormes esqueletos pulidos que solo dejan entrever la inmensa riqueza de su pasado.











Los otros, engullidos por la selva, como si todo lo que el hombre le robó a la naturaleza para superarla en belleza hubiera sucumbido de nuevo a su inexorable destino, son como fantasmas de un tiempo tan lejano que parece que nunca existió.







Después de la borrachera de templos, de belleza marchita y de historia deslumbrante, descansamos un día en Siem Reap antes de dejar el sur este asiático. Tenemos mucho que digerir. Por ejemplo, intentar entender cómo en el mismo lugar en que un inmenso imperio construyó los templos más increíbles que hayamos visto, hoy, la mayoría de sus hijos luchan por subsistir día a día y olvidar el horror que les envolvió no hace mucho.
Nos despedimos del sur este asiático con este empacho de belleza. Un final que hace justicia a este trozo de mundo que hemos disfrutado tantísimo en los últimos meses.
Como siempre nos vamos con algo de tristeza, ganas de volver pronto y un montón de recuerdos.
Pero también como siempre, no hay tiempo para la melancolía, esto todavía no se acaba. Ahora nos espera India que no es poco y después la vuelta a casa que como nos dijo otro viajero, es donde empieza la verdadera aventura.

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We came in Camboya after a long day on a bus. We arrive to Phnom Penh, the capital, and next morning we go to the Indian embassy to apply for the visa. It´s going to take 5 days to do it so meanwhile we decide to move to the south of Camboya, to the beach. We stop in Otres beach, close to Shianoukville. The beach is quite nice and it’s a very quiet place though it´s far as nice as Thailand beaches. We spend a couple of days there and then move we move to Kampot. This is not a beach town but a river one. It’s not lovely place itself but it has some special atmosphere due the old French buildings next to the river which makes it a nice walk. From Kampot we rent a motorbike and visit Kep which is a beach town just an hour ahead from Kampot. Kep is quite a charming place though the beach itself is not very nice and is not very clean. We just spend the day around the village, the national Park and also some caves.
Next morning we go back to Phnom Penh, pick up the visa and leave again to the main Camboyan attraction: the temples of Angkor.
The closest village of the temples is Siem Rap, which is a very touristy place but still keeps the charming. The temples or Angkor are more than 100 and they are spread in a long amount of kilometres, so you need a few days if you really want to see all of them. We buy a 3 days entrance ticket which allows us to get in 3 different days within a week because it’s the same price as to buy 2 days entrance ticket.
The first day we visit the main temples and the closest ones and we do it on a bike, which is a great way to do it as you can enjoy the views and the landscapes. We knew that they would be amazing but that was beyond our expectations, really. The temples are absolutely stunning with some delicate and nice carvings which are very well maintained. The settlement is gorgeous and some of the temples have been literally eaten by the nature which makes an amazing postcard.
Next day we rent a tuk-tuk and we visit the temples which are farther away and can’t be reached by bicycle. We discover some other amazing temples which stunning carvings. The surprising thing about Angkor is that within the 100 temples there are, the few we have seen are all different which makes it very interesting.
In our third day we feel quite tired and decide to rest in the city rather than to go again to Angkor.
Next day we fly to Kuala Lumpur where we’ll take a flight to India in two days. This is our final stop in South East Asia and we already miss it.

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28 de maig 2010

Sud de Laos

Arribem a Pakse, al sud de Laos, després d’un viatge etern en autobús, travessant tot el país. Aquí hi ha vàries coses a veure. El antics temples de Champasak, les 4000 illes al riu Mekong i la regió de l’altiplà del Bolavent. Comencem llogant una moto i sortim de la ciutat uns dies per veure la regió del Bolavent.



La regió és coneguda per les seves cascades i els rius que travessen boscos verges. Les primeres cascades no són res de l’altre món i els paisatges tampoc maten. Inclús arribem a una cascada amb “parc temàtic” incorporat on pots fer una volta en elefant i on han construït un poblet tradicional (tot molt netet, sense animals ni nens corrent ni cap rastre de vida real) i on la gent de les tribus ensenya als turistes la seva artesania i es deixen fotografiar. Un altre cop el zoo humà.



Arribem fins a un poblet al costat d’unes altres cascades i fem nit allà.
L’endemà seguim via passant per poblets petits, mercats



i pel costat de rius amples plens de platges de sorra blanca.



Més endavant travessem un bosc i arribem a unes cascades. Per desgràcia els voltants estan plens de brutícia que deixen els laosians que venen aquí els caps de setmana. Al riu hi ha un pare banyant-se amb els seus fills petits. Nosaltres ens banyem a les mateixes cascades on hi ha una piscina natural força gran.



El Pau es fica primer a l’aigua i neda cap a la cascada, la Moni no s’anima a nedar i es queda per la vora, tot i que l’aigua és neta, no es veu el fons i li fa una mica de respecte. El Pau li fa la típica broma idiota “hi ha alguna cosa a l’aigua!” la Moni no pica. El Pau segueix nedant cap al salt d’aigua quant de cop nota un dolor considerable al dit gros del peu. Primer pensa que ha xocat amb alguna roca però al mirar-se el peu veu clarament que li falta un trosset de dit. “Moni surt de l’aigua, m’ha mossegat algo, no és conya!” La Moni surt de l’aigua i el Pau comença a nedar d’esquenes cap a la vora movent els peus a tota castanya. De cop, quant ja quasi ha arribat a la riba, veu com un peix surt del fons i li fot una altra queixalada al dit del mig de l’altre peu. Aquesta encara fa més mal. Per un moment li passa pel cap que allò sembla una escena d’una peli de terror adolescent. Surt de l’aigua i tots dos ens quedem mirant els peus del Pau al•lucinats. Falten dos trossets! Els peus comencen a sagnar sense parar. Per sort portem venes a sobre. El pau s’embolica els peus amb venes i cinta aïllant i tornem cap a la moto.
Travessem el bosc i arribem a la carretera principal. Allà hi ha un poblet que no són més que 4 cases així que decidim anar fins al poble més gran uns quilòmetres més enllà. De camí trobem un militar i li preguntem per l’hospital o un metge. No ens entén. Seguim camí i finalment arribem al poble. A l’entrada hi ha una parella de policies amb dues motos rascant-se-la. Els hi preguntem per l’hospital i al final ens entén i ens senyala cap allà. Pensem en dir-li que ens acompanyi però segur que és una pèrdua de temps així que seguim per la carretera. Passem per una farmàcia i li preguntem a la “farmacèutica”, no ens entén. El Pau es treu les sabates i li ensenya els mitjons plens de sang. “Ahh Pau-pau” diu ella i agafa unes venes i iode per vendre-m’ho. Li diem que no, que volem un hospital i al final ens entén i ens torna a senyalar en la direcció que anem. Finalment trobem algú que parla anglès i ens indica com arribar a l’hospital.
Arribem a l’hospital uns 45 minuts després. Esperem uns minuts i ens atén un metge que tampoc parla anglès. “Ah Pau-pau” diu el metge mentre es mira les mossegades. Pau-pau és el nom del simpàtic peixet (no es podia dir de cap altra manera) en qüestió i pel que es veu és molt comú que mossegui a la gent de per aquí i als turistes. Tot i això a ningú se li ha acudit posar una cartell a les cascades perquè la gent no s’hi banyi.
Una mica de iode, unes venes i a córrer. Com a mínim els dits ja no sagnen tant. Ens donen antibiòtics, antiinflamatoris i paracetamol pel dolor. Ara comença a fer mal de debò i el Pau va totalment coix. Si almenys hagués sigut al mateix peu. Anem a dinar i parlem sobre la situació. La Moni creu que hauríem de tornar a Pakse i descansar però al Pau no li surt d’allà que el punyetero peixet dels collons ens arruïni el final de Laos. Finalment decidim continuar. Però primer tornem a les cascades i escrivim amb un rotulador: “Danger biting fish!”Ho escrivim en uns quants llocs ben visibles i finalment anem fins a un mirador que ens havíem deixat per veure les cascades des de dalt.



Seguim fins a la següent cascada. Cada cop són més maques. Dormim en una cabaneta al costat del salt d’aigua. Entre les emocions del dia i la remor de l’aigua caient ens hauríem d’adormir de seguida però no es tan fàcil. Sortim a for a xerrar sota un cel ple d’estrelles i ens hi passem una bona estona. Tenim moltes coses que pair.



L’endemà seguim per la carretera una estona i girem per agafar un camí de terra que ens durà cap a les següents cascades.



Aquí els paisatges són molt més macos. A mida que avancem els poblets i els cultius desapareixen i el camí serpenteja entre muntanyes plenes de verd.
Els boscos d’aquí estan intactes. Anem travessant rius i pujant muntanya amunt.



Durant tot el camí no ens creuem amb ningú. De cop a un costat de la carretera veiem la primera cascada.



Això sí que és una cascada de debò. És una de les més espectaculars que hem vist en tot el viatge. Per sort hi ha un caminet per arribar-hi i es pot anar amb moto així que ens en hi acostem. El camí s’acaba i s’ha de caminar per la riba i escalar un mica.



Després d’algunes dificultats (el Pau camina com en Frankenstein) aconseguim arribar al salt d’aigua.



És una llàstima que el Pau vagi coix perquè els boscos d’aquí són impressionants i seria genial poder-hi caminar i fer un banyet ah... no, això millor que no.
Segur que hi ha alguna manera d’arribar a baix però no veiem cap camí i els peus del Pau no donen per a més així que tornem a la carretera i seguim via.
Entre les muntanyes atapeïdes de selva hi ha petites valls totalment cobertes per boscos de bambú.



Cada cop el paisatge és més maco i la següent cascada que trobem encara és més alta i més espectacular. A més continuem sense veure a ningú ni tan sols cap cotxe en tot el camí.



No trobem la manera de baixar cap a la base de la cascada així que ens conformem amb veure-la des d’aquí. Des de Nova Zelanda que no vèiem una cascada tan impressionant.
I mai n’havíem vist de tant solitàries i perdudes enmig del bosc sense ni tan sols camins per arribar-hi o miradors plens de gent, restaurants i paradetes de souvenirs. A més el soroll i la quantitat d’aigua que du aquesta és impressionant. Seguim pujant i al mig del camí trobem una serp blanca preciosa.



Més endavant trobem el primer poblet en molta estona. Els nens ens saluden i els grans ens miren encuriosits. Al mig del camí trobem una altra serp preciosa. Aquesta però, està morta i té un cordill lligat al “coll” com si fos una mascota.



Seguim via i trobem el desviament a les següents cascades. Aquestes estan senyalitzades amb una cartell enorme i quant arribem al final del caminet veiem que s’ha de pagar per veure-les.
Paguem i caminem un bon tros travessant boscos de bambú. Fins arribar a la cascada.



Aquesta està envoltada de bananers, no és tant alta però la quantitat d’aigua que porta és impressionant. La pluja constant dels voltants de la cascada fa que hi hagi una verdor absoluta al voltant.
Tornem cap al “pàrquing” i caminem cap a una altra direcció on hi ha una altra cascada.



El camí per arribar-hi és massa empinat i ens conformem amb veure-la de lluny.



Seguim camí sense perdre gens d’altura. L’aire aquí és net i fresc i no es veuen muntanyes per sobre de nosaltres.
Ens sembla que ara sí que som a l’altiplà del Bolavent pròpiament dit. Aquí hi ha petits poblets envoltats de plantacions de cafè. L’aire de la muntanya i la tranquil•litat dels poblets fan que vingui de gust quedar-s’hi uns dies però, com quasi sempre no podem.
Parem a dinar en un poblet i seguim via entre plantacions de té i de cafè. Després d’una bona estona comencem a baixar i de seguida l’aire es torna més calent i humit. Trobem la següent cascada quant ja gairebé es pon el sol.



Ell lloc és increïble. Una selva súper espessa recobreix les muntanyes que envolten un rierol d’aigua transparent i el salt d’aigua és, un altre cop, impressionant.



Sembla mentida que hi puguin haver tantes cascades impressionants en la mateixa regió. A més fins aquí no ens havíem trobat un lloc turístic, amb paradetes de menjar i souvenirs etc. De totes maneres no hi ha gairebé ningú i ho gaudim com si estiguéssim en un lloc apartat.



L’endemà al matí tornem cap a Pakse. Ha valgut molt la pena, Pau-pau inclòs. Encara que al canviar-me les venes, que s’han enganxat a la carn, no opini el mateix. Per sort, (gràcies Josep) portem una súper farmaciola on tenim unes gases que no s’enganxen.
Ja han passat dos dies des de les mossegades i els dits ja quasi han recuperat la seva forma, encara fa mal i falta un mica perquè comenci a cicatritzar però finalment no ha passat de ser un ensurt, una batalleta que explicar i segurament una bona cicatriu. Els morbosos malaltissos que vulgueu veure els dits del Pau dos dies després cliqueu aquí.
Ara sí, ens prenem un dia de descans. Decidim no anar a veure els temples de Champasak, d’aquí poc anirem a veure Angkor Wat on hi ha quantitat de temples de la mateixa època i ens en farem un tip. Així podem descansar un dia i estar un dia més a les 4000 illes abans de que se’ns acabi el visat.



Després de descansar un dia anem directament a l’illa més apartada i menys turística de les 4000 illes. El Mekong aquí es ramifica en multitud de braços que envolten les tranquil•les illes vorejades de cocoters i plenes de camps de conreu, boscos de bambú i algun reducte de selva.
Agafem una habitació al costat del riu i anem a passejar per l’illa. El primer dia la calor és espantosa, una de les més bèsties que hem tastat mai, però el segon dia el cel es tapa una mica i decidim llogar unes bicis i anar a fer la volta a l’illa.



Arribem a una de les platges de l’altre extrem des d’on es fan excursions en barca per veure dofins.



L’illa també la travessen rius que de vegades formen petites cascades i ràpids.



Els rius flueixen entre formacions rocoses rodejades de verd i de vegades de selva.



Finalment acabem donant tota la volta a l’illa. Els paisatges són preciosos però el millor és la calma, la tranquil•litat, el silenci i el ritme lent i relaxat dels petits poblets que anem trobant. És un d’aquests ritmes que t’atrapen i li donen al lloc una atmosfera especial on el temps sembla que s’hagi aturat des de fa molt.





Per la tarda anem a fer el tour dels dofins.



En veiem uns quants de lluny però són molt difícils de fotografiar.
L’endemà lloguem un altre cop les bicis i anem a explorar l’illa del costat unida a la nostra per un pont. Però la calor i el preu per creuar el pont amb bici ens fan tirar enrere i decidim fer una volteta curta a peu per la riba de l’altra illa. És igual de tranquil•la i també té aquest ritme i el silenci que li donen una atmosfera tant especial.





Un altre d’aquells llocs on ens hi podríem quedar a viure, un altre d’aquells llocs on sembla que res dolent et pot passar. Per desgràcia un altre d’aquests llocs on no hi podem estar el temps que volem ja que una altra vegada el visat se’ns acaba i hem de marxar cap a Cambodja.
Laos ens deixa una gran impressió i un munt de bons records. Les muntanyes i les tribus del nord, la màgia de Luang Prabang, les cascades i els paisatges del Bolavent i l’atmosfera d’aquestes illes del Mekong ens han impressionat i l’amabilitat i el bon rotllo de la gent ens ha enamorat. Esperem poder-hi tornar algun dia encara que sigui en unes vacances curtes i acabar de veure les meravelles que segur encara ens amaga aquest petit gran país.

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