13 de febrer 2010

Yogyakarta

Llegamos a Pontianak, en el Borneo indonesio y reservamos un vuelo para la mañana siguiente a Java, la isla más poblada y con mayor influencia cultural y política de Indonesia. Después de la vuelta a Borneo en 20 días nos vendrá bien una ciudad para relajarnos un poco y descansar si se puede. Así que desde el aeropuerto de Yakarta, la descomunal capital del país nos dirigimos de inmediato a Yogyakarta, la capital cultural de la isla.
A medida que nos acercamos a la ciudad, el sol empieza a levantarse y la tibia luz se cuela por entre los volcanes y va iluminando las brumas del valle. No esperábamos encontrar un paisaje así en Java, la isla más poblada del mundo donde viven unos 130 millones de habitantes. Pese a ser uno de los sitios más densamente poblados del mundo todavía quedan paisajes en los que el tiempo parece haberse detenido hace mucho.



La ciudad ya es otra cosa. No demasiado caótica pero sí bulliciosa y muy turística. Cada 10 segundos alguien te está ofreciendo algo: taxi, hotel, ropa, una exposición de artesanía que justo termina hoy, etc.
La ciudad tiene muchas cosas para ver pero también muchos rincones por los que pasear alejados del caos del centro.



Con algunos restos de edificios coloniales, el palacio-ciudad del Sultán, con una vida cultural muy notoria y muy cerca de los dos templos más importantes del país, Yogya es la ciudad más atractiva de Java.



Como no, con mercados impresionantes





Algunos restos de los templos que los antiguos sultanes utilizaban para “entretenerse”




y con el Kraton, la ciudad amurallada donde todavía reside el actual Sultán y su familia donde se puede visitar parte de su palacio.




La ciudad es un Sultanato que todavía conserva algunas de sus leyes históricas y cierta autonomía respecto al resto de Java. Aunque, en teoría, el Sultán ya no tiene ningún poder político, él y su familia continúan viviendo en su pequeño palacio y disfrutando del amor que le profesa el humilde y esforzado pueblo. Parece totalmente anacrónico, pero… nos suena familiar, ¿no?



En el Kraton se pueden ver espectáculos de danza. La música del gamelán, la formación musical típica formada por percusiones de metal de todo tipo, es entre hipnótica y simplemente marciana. La armonía no tiene nada que ver con lo que nuestras orejas occidentales saben escuchar. La danza es una sutil exhibición de equilibrios complejos del cuerpo donde el movimiento de las manos tiene una importancia capital y dice cosas que también se escapan a nuestros ojos occidentales.



En nuestro tercer día en la ciudad tenemos la suerte, gracias también a las maravillas de la técnica, de coincidir con otra pareja de catalanes que están también viajando por el mundo. Son Eva y Aleix, los conocimos a través de su web www.evaialeix.com y gracias a nuestros otros compañeros del camino Mireia y Marc. Llevamos rutas parecidas y por una maravillosa casualidad coincidimos en Yogyakarta así que aprovechamos para cenar juntos y charlar sobre el viaje, las vidas que dejamos atrás y las que no esperan cuando despertemos de este dulce sueño. La sensación de hablar con alguien que te entiende perfectamente y comparte tus mismas ilusiones sumada a la de tener un pedacito de casa cerca, hacen de la sobremesa uno de esos momentos que recordaremos siempre. Gràcies parella i fins aviat!



Cerca de la ciudad están los dos templos más importantes del país, herencia cultural de antes que llegara el Islam hace más de mil años.




Borobudur es un inmenso templo budista del siglo IX formado por seis bases cuadras y tres circulares cada una dentro de la otra, con más de 400 estatuas de Buda y más de 1500 relieves tallados con sus enseñanzas.




Los relieves del piso inferior muestran las tentaciones del mundo real, de los deseos,



mientras que los superiores muestran imágenes de la iluminación de Buda.



Así este templo funciona como un recorrido por los estados del alma que un budista debe alcanzar en su camino a la iluminación a través de las enseñanzas de buda.
De este modo, gracias a las enseñanzas del iluminado, nosotros también alcanzamos la iluminación y la paz total.



A tan solo 17 kilómetros de Yogyakarta se levanta Prambanan, un conjunto de templos también del siglo IX d.C .



Los tres templos principales están dedicados a los tres dioses más importantes del hinduismo Shiva, Vishnú y Brahma. El templo de Shiva, el mayor, mide unos 47 metros de altura.




Los templos están decorados con imágenes esculpidas del Ramayana, uno de los textos sagrados del hinduismo y en su interior hay esculturas de las imágenes de los dioses a los que están consagrados. Esta es la primera vez que podemos ver el interior de un templo hindú ya que en Bali los templos se utilizan para la oración y no pueden ser visitados por dentro.




Alrededor hay algunos otros templos de la misma época.



Uno de ellos, construido por el mismo rey, es un complejo de templos Budistas.



Eso dice bastante de los pocos problemas religiosos que tenían entonces, antes de que el Islam y luego el Cristianismo llegaran al archipiélago.



En estos 5 días sólo hemos podido arañar la piel de esta ciudad con tanta personalidad. Carácter y contradicción podrían definir la impresión que nos deja Yogyakarta. Una ciudad que respira cultura e historia pero que sucumbe al turismo fácil y que vive del engaño al turista despistado; una ciudad con pasado mestizo pero donde apenas quedan budistas o hinduistas; un sitio donde el silencio y la tranquilidad del Kraton convive a escasos metros con los altavoces más atronadores del mundo en la feria frente al palacio; un sitio donde el lujo de los palacios convive con las ratas más grandes que os podáis imaginar y donde los conductores de los carritos que te llevan a visitar estos suntuosos palacios, donde todavía vive el Sultán, pasan la noche durmiendo en esos mismo carritos aparcados frente a los hoteles.
Además están los atardeceres entre truenos, las llamadas a la oración desde las mezquitas, el bullicio caótico de los mercados y un montón de olores, sonidos y sensaciones que no salen en las fotos y que cuesta explicar.
Seguramente Yogya no se parece a ninguna ciudad de Indonesia, pero sin Yogya no se puede entender este país de más de 13000 islas.

From Borneo we take a plane and fly to Jakarta, the capital of Indonesia which is located in the island of Java. We don’t plan to stay any time at all in that crowed, contaminated and busy city but just the trip from the Airport to the bus terminal is quite an adventure and we are glad to leave it a few hours later.
We arrive at Yogyakarta at 6 o’clock in the morning. The landscapes we can see from the bus just before entering the city are amazing. The shape of the mountains is the background of the rice fields which at that time in the morning, with the clouds emerging from the mountains, draw a very romantic scenery.
Yogyakarta is supposed to be the most attractive and cultural city in Java, and it actually looks like very bohemian, cultural and historical. It’s also a very busy and touristy city which, sometimes, makes the walk through the streets quite difficult as everyone try to sell you something all the time. It’s got too several interesting markets plenty of color, noise and weird stuff.
From Yogya we visit two impressive temples: Borobudur, the Budist one, and Prambanan, the Hindu one. Both temples are amazing and have lovely views from the top. One of the best things of our stay in Yogya is that we meet, the only night we coincide in the city, another Catalan couple who is also traveling round the world. We spend a lovely evening together talking, laughing and having some drinks afterwards. It’s very nice to meet someone that remains you home.

09 de febrer 2010

La volta a borneo en 20 dies (2a part)

Després de tres dies al riu Kinabangatan seguim camí cap a la costa oest fins a la ciutat de Kota Kinabalu. Aquesta és la capital de la província de Sabah i un dels ports més importants. Igual que a Sandakan per aquí hi passen mercaderies de la Xina, Les Filipines i Japó. El mercat nocturn de la ciutat és espectacular amb tota mena de peixos i mariscos, fruites i productes de la selva i del mar.




A més s’hi pot menjar peix i marisc a la brasa o menjars més econòmics de tota mena.



Una mica més avall hi ha el mercat filipí amb tota mena de productes del mar assecats utilitzats per la medicina tradicional o per menjar.




Davant de la ciutat a pocs kilòmetres de la costa hi ha les illes del parc natural de Tukuh Abdul Rahman. Són força turístiques però i hi ha platges de sorra blanca, palmeres, coralls i peixos tropicals així que no ens en podem estar i les anem a veure.
El primer dia visitem la més gran.



També es la més turística però com no és temporada alta s’hi està força bé. Anem a bussejar amb la càmera aquàtica i tot i que els coralls no són espectaculars i n’hi ha molts de morts, ens ho passem pipa perseguint peixos de colors impressionants.










Sortint de l’aigua ens trobem amb un animal, com a mínim, igual d’impressionant.



Aquest varà cosí del famós drac de Komodo pot arribar a fer més de dos metres i a córrer a més de 40 kilòmetres per hora. Tot i això no és gens perillós i té més por dels turistes que nosaltres d’ell. Anem a caminar per l’interior de l’illa i ens en trobem un de dos metres creuant el camí tranquil·lament. Fa molta por.
L’endemà anem a dues de les illes petites. Hi ha menys gent i s’hi està molt a gust.






Tot i això l’illa que sembla més interessant del Parc natural no es pot visitar. És una illa molt més gran amb selva verge i muntanyes i amb tres poblets a tres de les seves badies. Les cases estan totes sobre l’aigua aixecades sobre columnes. Intentem esbrinar com arribar-hi però només trobem uns viatges organitzats caríssims per caminar per la selva però res per visitar els pobles. Més endavant ens assabentem que a l’altre costat de l’illa hi ha un resort de luxe. No sabem si no volen que els turistes hi anem per mantenir l’exclusivitat del resort o perquè no és una zona “maca” o segura ja que els pobles semblen força pobres. Per què aquí, tot i ser un país més ric que Indonèsia, també es veu pobresa. A Kota Kinabalu hem vist per primer cop en tot el viatge nens inhalant pega als carrers, cosa que no hem vist en cap moment a Indonèsia. No podem jutjar perquè només fa uns dies que estem a Malàisia i tampoc sabem si als suburbis de la capital d’Indonèsia hi ha nens com aquets o pitjor però impressiona i emprenya molt entrar a un país molt més ric i més modern i veure-hi una pobresa més crua i obscena que al seu veï pobre.



La següent excursió que fem pels voltants de la ciutat és al parc natural del Mount Kinabalu. És una enorme extensió de bosc tropical de muntanya amb gran diversitat d’animals i plantes al voltant d’una muntanya imponent de més de 4000 metres d’alçada. Aquí hi ve molta gent a escalar el cim ja que és un dels 4000 més accessibles del món. Es pot fer amb només dos dies. De fet es pot fer amb molt menys, cada any s’organitza una cursa de muntanya, una de les mes dures del món, que consisteix en pujar al cim des de l’entrada del parc a uns 1800 metres d’alçada i baixar. Els últims dos anys la cursa l’han guanyat dos catalans i el rècord està en poc més de 2 hores i mitja. Per desgràcia pujar al cim val molts diners.



Sembla mentida però l’ascensió surt per uns 100€ per persona. S’han de pagar els permisos i agafar un guia, tot i que el camí està molt ben senyalitzat i no hi ha necessitat. A més la nit al refugi és molt cara. Evidentment no ens ho podem permetre i només fem una part de l’ascensió fins als 2800 metres. Quant comencem a pujar de seguida ens n’alegrem perquè la majoria de gent que baixa ve molt tocada, molts ni tan sols arriben al cim.



El paisatge va canviant a mida que puguem i, a certa alçada, es comencen a veure algunes de les plantes carnívores més grans del món. Són plantes trepadores en forma de gerra que atrapen insectes i els digereixen lentament.




Per desgràcia no podem veure una altra de les plantes il·lustres d’aquest parc natural: la Raflessia. Aquesta és la flor més gran del món i arriba a fer més d’un metre de diàmetre. Només viu uns 7 dies i ara no és l’època de floració.



Tornem a la ciutat per fer un altre volt pels mercats nocturns i acomiadar-nos de Kota Kinabalu. Un lloc de contrastos amb molt d’encant.



L’endemà agafem un autobús que ens portarà a l’altra província malaia de Borneo Sarawak, passant per nou punts fronterers. Sí, sí, en uns 200 kilòmetres passem per 5 fronteres i 9 punts de control i és que després de passar la frontera de Sarawak, que és un territori amb certa independència de malàisia i on et segellen el passaport, hem d’entrar al Sultanat de Brunei, un petit país dividit en dos petites taques dins el territori de Sarawak on ens segellen el passaport cada cop que hi entrem i sortim. Són els 200 kilòmetres més absurds que hem fet mai.
A Sarawak anem a visitar les coves de Niah.



És un lloc d’interès natural i cultural. Dins d’aquestes immenses coves s’hi han trobat els vestigis humans més antics de Malàisia. No només s’hi va trobar un crani de 40.000 anys d’antiguitat sinó que hi ha restes d’activitat humana des d’aquell període fins l’actualitat, per això el lloc és el jaciment més important del sud est asiàtic. És un jaciment clau per entendre com els primers habitants de Borneo van evolucionar de caçadors recol·lectors fins a convertir-se en petits ramaders i agricultors i com van adaptar-se als canvis climàtics i de paisatge del final de la última glaciació.



L’excursió comença creuant un riu i caminant per una passarel·la enmig de la selva. Estem completament sols i només el passeig fins les coves ja val el viatge fins aquí.
Després de caminar gairebé una hora s’arriba a l’entrada d’una petita cova.



Aquí hi ha unes estructures de fusta on vivien els recol·lectors de nius durant la temporada de recollida.




Us sona la sopa de niu d’oreneta dels xinesos? Doncs no és més que la saliva amb que aquestes orenetes fan els seus nius. Les orenetes viuen en coves i aquesta ha estat, i encara és, la principal activitat econòmica de la zona. Aquí es cullen els niu i s’exporten a la Xina i a tot el món.
Després d’aquesta primera cova el camí segueix uns centenars de metres fins arribar a l’entrada de la cova gran.




És descomunal. A un costat hi ha els jaciments arqueològics i més endins estructures de bambú que encara s’utilitzen per recollir nius.



Més endavant passem per diferents cambres



Fins que el camí s’estreta i entrem dins d’una cova angosta i absolutament fosca.




Les coves no són tan espectaculars com algunes de les que hem vist durant el viatge però caminar sols, en silenci i amb les nostres llanternes com a única llum per aquests passadissos estrets i humits és senzillament acollonant.



Després d’un quart d’hora arribem a la sortida de la cova i seguim caminant per la selva fins a la cova de les pintures. Aquestes estan tant malmeses que a penes es veuen però la cova és també impressionant.



Tornem cap a la sortida de la cova gran per menjar alguna cosa i tornar corrents cap a l’entrada abans que el taxista amb el que hem quedat ens deixi tirats.
L’endemà seguim via cap al sud per arribar a Kuching, l’últim lloc on estarem a Sarawak.



La ciutat és a la riba d’un riu i ha estat un punt de comerç molt important fins al dia d’avui. La ciutat és plena de xinesos que van establir-se aquí fa més d’un segle i hi ha molts temples confucians.




També n’hi ha de budistes i hinduistes i, com no, mesquites.



Els mercats de Kuching són plens de teles, fruites i espècies, i al carrer s’hi pot menjar plats xinesos boníssims per 1€. De seguida ens adonem que el menjar xinès de casa no té res a veure amb el de debò.



El museu etnogràfic de la ciutat és un dels més interessants que hem vist mai. Aquí s’exposen artefactes, artesanies i fotos de les nombroses tribus de l’interior de Borneo.



Fins no fa gaire moltes d’aquestes encara eren “caçadors de caps”, és a dir que caçaven persones d’altres tribus durant les guerres o simplement per demostrar les seves dots de guerrer i el seu estatus social. Els caps els guardaven en un estança de les immenses cases comunals en les que vivia tot el poble.



Algunes d’aquestes tribus encara viuen gairebé com fa segles però fa falta molt de temps, diners i una mica de sort per arribar-hi. De fet estan millor així, sense gaires visitants.
Els tatuatges tradicionals i les perforacions decoratives son molt importants en aquestes cultures.



Així com les construccions funeràries que poden arribar a ser espectaculars.



Kuching vol dir gat en malai, així que a la ciutat s’hi poden trobar escultures amb gats. Això li acaba de donar un toc surrealista a aquesta estranya ciutat, que, un cop més, sense ser espectacular, ens encanta.



Deixem Kuching i Malàisia per anar a Pontianak a la part indonèsia del sud de Borneo.
Només arribar-hi comprem un bitllet d’avió per l’endemà volar a Java.
Deixem Borneo amb un munt de sensacions a la motxilla però amb la sensació, també recorrent, de no haver-li pogut treure massa partit a questa immensa illa.
Borneo és per estar-s’hi un parell de mesos. Ens deixem tantes coses per veure: Tanjun Puting, on es pot viure uns dies en un petita barca navegant pel riu envoltat de selva, Pulau Derawan, una illeta de pescadors envoltada de corall, Sipadan, una de les meques del busseig mundial, el parc natural del Gunung Mulu, un immens volcà envoltat de selva amb la cova més grans del món de 170 metres d’alçada, els rius de Kalimantan i Sarawak on hi viuen tribus que viuen en enormes cases comunals a sobre el riu, etc. Tot i això ens alegrem moltíssim de la decisió que vam prendre de venir a Borneo. Certament ara ens queda menys temps o, millor dit, diners per veure la resta del sud-est asiàtic i segurament haurem de renunciar a algun dels països previstos i gairebé segur a gran part del temps que volíem passar a l’Índia, però això ja serà un altra batalla. Fet i fet si som aquí és perquè volem aprofitar al màxim el dia a dia sense pensar gaire en el futur així que millor no pensar-hi gaire i seguir aprofitant al màxim el viatge, exprimint cada segon al màxim.


We arrive to Kota Kinabalu which is a middle sized city plenty of activity, charm and noise all day long. It has a couple of food night markets where you can buy any kind of fish, vegetable or fruit and also eat anything you like. It’s the most alive part of the city and is just great to walk around.
Quite close to the city there are 3 little islands which are very touristy but still nice with turquoise water, white sand and colorful fishes all around.
We visit the biggest one the first day, and the 2 little ones the second day. In the last one we also have the chance to see a huge lizard walking through the beach and a bigger one (about 2 meters) in the island forest.
In our third day we visit Mount Kinabalu, which is a 4000 m. mountain quite easy to climb, although we don’t do it as it is quite expensive and it takes a couple of days. We just walk around the national park and enjoy the views and the fauna and flora.
We leave Kota Kinabalu and head Niah Caves which are just impressive. They are huge caves where they are still today doing some archeology research works as they found 40.000 year old human skull.
After that we leave the Malaysian part of Borneo and get into Indonesia again. Next morning we take a plane and flight to Java Island.